Yo no iba buscando nada
Yo no iba buscando nada,
estaba en calma el día,
preciosa la mañana.
Los colores del otoño
bajaban al jardín,
y recorría un camino,
el más bonito para mí.
Empujaba un capazo,
donde dormían
sus azules ojos,
que soñaban, sonreían.
Había adelantado al tiempo,
para disfrutar de aquel momento.
Entonces el viento,
una brisa no más fuerte
que el suspiro más lento,
trajo una hoja que dejó posada
en el carrito que empujaba.
Y yo, sin ir buscando nada.
Las miradas al sol
con los párpados cerrados,
reflejaban las nieves,
que el grullar del cielo confirmaba.
Pero de verdad, prometo,
que yo no iba buscando nada.
Esquivé escalones
baches y adoquín,
y miré hacia la hojita,
y esta seguía allí.
Yo no iba buscando nada,
y al final lo encontré.
El sol, al amanecer,
no ha sido ni será
tan rojo, ni tan bello, pensé,
como aquella hoja de viento,
como aquel papel de aliento,
vestigio del verano
y del paso del tiempo,
que yo no buscaba y hallé,
que no cogí y atrapé.
De la que no tenía sueños
y ya no puedo olvidar.
Ni a la hoja, ni al paseo,
ni a quien no dejaba de soñar.

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