Deslumbraban mi reojo
Se escondía el vendaval,
ya cansado de soplar,
en las praderas atormentadas por la lluvia.
Al sol eran cabellos verdes,
pero en la noche solo esmeralda oscura,
que se extendía desde el camino al bosque,
que se extendía del río a la luna.
Esta plateaba los montes,
y alargaba las sombras de los postes
de acacia,
donde se ahuecaban
zarzas y ortigas,
para dar cobijo a ratoncicos,
orugas y hormigas.
Sobre los robles de la ladera,
perlas de plata y monedas,
y abajo donde acaba el valle,
frutas de luz verde en la hierba.
Entre tanta oscuridad
jugaban a brillar fuerte,
luciérnagas solitarias,
deseando buena suerte.
Deslumbraban mi reojo,
mientras yo miraba una hoguera,
mil recuerdos en el cielo,
mil recuerdos en la tierra.

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